martes, 29 de septiembre de 2015

Angiogénesis: ¿Podemos matar de hambre al Cáncer?

La angiogénesis es el proceso fisiológico que consiste en la formación de vasos sanguíneos nuevos a partir de los vasos preexistentes.

La angiogénesis es un fenómeno normal durante el desarrollo embrionario, el crecimiento del organismo y en la cicatrización de las heridas. Sin embargo también es un proceso fundamental en la transformación maligna del crecimiento tumoral.

La angiogénesis es un paso necesario y requerido para la transición de un grupo inofensivo pequeño de células, a un tumor de gran tamaño. La angiogénesis también es imprescindible para la diseminación de un cáncer o metástasis. Las células cancerosas pueden desprenderse de un tumor sólido determinado, entrar en un vaso sanguíneo o linfático y trasladarse a un sitio distante, donde pueden implantarse y comenzar el crecimiento de un tumor secundario o metástasis. Está demostrado que los vasos sanguíneos en un tumor sólido dado pueden estar mezclados como células endoteliales y células malignas. Este mosaico de células permite la infiltración de células tumorales en la vascularización sanguínea. El crecimiento subsecuente de estas metástasis también requerirá una fuente de alimentos y de oxígeno.


El Dr. William Li dirige la Fundación Angiogénesis, una organización no lucrativa que lucha contra las enfermedades globales. La experiencia del Dr. Li se extiende a través de muchos ámbitos de la salud como el cáncer, la diabetes, ceguera, enfermedades del corazón, la cicatrización de heridas, y otras más de 70 enfermedades. Su trabajo ha sido publicado en la revista Science, The New England Journal of Medicine y The Lancet. Es profesor y un asesor internacional muy reconocido, siendo conocido por su habilidad para predecir los avances médicos a menudo años antes de que se conviertan en realidad.

El Dr. William W. Li es un experto internacional en la lucha contra la enfermedad basada en la dieta, estilo de vida y los tratamientos que mantienen a los vasos sanguíneos del cuerpo en equilibrio, siendo el creador del programa "Comer para vencer el cáncer", una campaña de alimentación saludable que ahora se ha extendido a más de 40 países.

martes, 1 de septiembre de 2015

No somos inmortales


Últimamente reflexiono mucho sobre mi existencia, es lo que tiene estar diagnosticada de un cáncer en estado avanzado. Y, cada vez, que la enfermedad avanza, me produce un subidón de adrenalina que me hace desear aferrarme con más fuerza a la vida, y disfruto más cada instante, cada beso, cada abrazo, cada detalle...

Hace tiempo que me despojé de la ilusoria creencia de inmortalidad que la sociedad ha instaurado en nuestras mentes, por supuesto, con nuestro permiso, que cada cual ha de ser responsable de lo que deja que otros hagan con su consciencia. 

Cada operación, cada cicatriz, cada aguja, cada dolor, me han enseñado que no soy eterna, me ha recordado mi mortalidad; sin embargo, ya no temo a la muerte, en esto momentos me siento más viva que nunca, he tenido que soltar muchas amarras emocionales, y ahora me siento más libre que nunca, cada día aprendo más a vivir en el aquí y ahora, el pasado pasó y el futuro no me preocupa, únicamente quiero aprovechar el momento, CARPE DIEM, como decían en el club de los poetas muertos, un lema que aunque siempre me ha gustado pronunciar, ahora a mis 38 años y tras 8 años conviviendo con el cáncer, he conseguido interiorizar hasta mi ADN, porque el reloj está en marcha, no se para, y yo no quiero irme con deudas pendientes de este mundo, no quiero dejar nada por decir, ningún beso ni abrazo por dar, ningún momento por disfrutar. Como yo suelo decir: "la vida se vive ahora o nunca", así que no tengo tiempo que perder en lamentaciones o triviales preocupaciones, esa energía la necesito para seguir disfrutando de mi vida y sacar adelante mis proyectos.

No os negaré, que hay momentos en los que tengo miedo, quizás, ya no tanto porque mi esperanza de vida se ha visto reducida, sino, más bien, al dolor y deterioro que la enfermedad, llegado su momento, producirá en mí, y el dolor que mi fallecimiento causará a mis seres queridos.

Ni que decir tiene, que confío mucho en mis médicos, los tratamientos y mi voluntad, y espero vivir todavía unos cuantos años, con una buena calidad de vida, no obstante, el no sentir ya frustración ante la idea de mi muerte, el aceptar mi  destino, me ha liberado de una gran carga emocional.

Como dice el médico y psicólogo francés Gilbert Lagrue: “Todos estamos condenados, hay que ir siempre a lo esencial, vivir plenamente el instante presente y no malgastarlo reaccionando con excesiva vehemencia a las espinas de la vida. Hay que pensar que lo más importante en la vida es no conceder importancia a las cosas que no la tienen, o que en todo caso no revestirán ninguna gravedad unos meses o unos años más tarde. Para mí, el mejor medio de sobrevivir es estar presente en la memoria de quienes nos han amado, de las personas que hemos encontrado en nuestra vida, sobre todo si hemos podido aportarles alguna ayuda, experiencia o trasmitirles conocimientos. Tratar de ser felices por el hecho de vivir es una actitud que, por sí misma, debería permitirnos aceptar la muerte". (Fuente: Elconfidencial.com).